Opiniones de un Payaso


Metamorfosis musical
marzo 6, 2011, 21:38
Filed under: Musiquita

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Me cago en YouTube y en la puta madre que parió a sus malditos robots automatizados que, en cuanto huelen a Bowie, a Lightning Seeds o -lo que es más increíble- al jodido Fran Perea, te censuran y aniquilan cualquier gota de creatividad que pueda recordar de refilón royalties o SGAEs. La libertad total de Internet está en las últimas, mon amies, vayan despidiéndose de una época gloriosa. La ministra González-Sinde aún podrá enchufarse un coaxial en el esfínter y aprovechar la descomunal maraña de hertzianas capaz de captar con ese par de parabólicas que tiene por orejas, pero ¿qué será de nosotros?

En todo caso, una libre interpretación de evoluciones, parecidos, coincidencias sinfónicas y plagios evidentes. La semejanza entre la primera y la segunda es meramente anecdótica, la re-versión de Mikel Erentxun para la cabecera de Los Serrano canta a copypaste de pentagrama aquí y en la Cochinchina. No así para la Justicia, que desestimó la demanda de Ian Broudie, líder de la banda fotocopiada. Transcribo literalmente la declaración oficial al respecto del “donostiarra de Caracas” en su web: “ahora sólo falta que todos aquellos medios que se dedicaron a publicar la noticia de la demanda a los siete vientos, hagan lo mismo con la sentencia de la misma: LA INOCENCIA.” Un cachondo en toda regla, vivir para ver.

Que lo disfruten, y muy buenas noches.

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Amadeus Vs Salieri
marzo 5, 2011, 23:16
Filed under: Musiquita

La mayoría de ustedes habrá visto esta joya cinematográfica, una de mis favoritas de siempre, pero nunca está de más rememorar una de las escenas, a mi juicio, más bellas de la Historia. Wolfgang Amadeus Mozart, improvisando variaciones sobre una ramplona creación ficticia del compositor de cámara Antonio Salieri, niña bonita del Emperador José II hasta entonces. El pasaje musical, el gepetto de Murray Abraham disimulando la pataleta, la hilarante caricaturización del genio de la música por parte del malogrado Tom Hulce. Meraviliousa.

Como aderezo informativo, destacar que las últimas preciosas estrofas pertenecen en realidad a la grandiosa ópera en cuatro actos “Las Bodas de Fígaro“, concretamente al pasaje en que el protagonista insta a Cherubino, no sin sorna, a alistarse en el Ejército, a desarrollar una nueva vida llena de triunfos y victorias. Se trata del despido improcedente y sin indemnización que le ofrece su amo, el Conde de Almaviva, con la mosca detrás de la oreja después de descubrir que el pajero paje le tira los trastos a su propia mujer. Dicha sinfonía la emplearía también en el futuro para complementar otra de sus obras maestras del bel canto, Don Giovanni.

La película, un falso biopic criticada en su día por su supuesta divergencia con la vida real de Mozart, se remite en realidad a una vieja leyenda urbana acerca de la envidiosa aversión del kapellmaister Salieri hacia el pequeño prodigio “amado de Dios” (Amadeus). Inspiró, de hecho, la ópera de Rimsky-Korsakov “Mozart y Salieri”, y más adelante la obra teatral y el posterior guión adaptado de Peter Shaffer para la oscarizada Amadeus del checo Milos Forman, a la que pertenece el vídrio adjunto. Lo único aparentemente contrastado de todo este tétrico affaire fue que Salieri, bajo los efectos de una demencia senil galopante durante los últimos meses de su vida, confesó haber asesinado al joven Wolfy, tal y como aparece en la primera escena del film. El resto es inventado, hijos del Sálvame Deluxe.

Por cierto que a día de hoy, con el rollaco pureza cinefílica impuesto por el lobby gafapasta, es inencontrable la versión doblada al 100% en castellano original. Si bien el DVD lo ofrece en 13 idiomas diferentes incluyendo nuestra lengua y el tagalo, el mítico hahahahahaha del geniecillo austriaco se muestra siempre en V.O., para desgracia del coleccionista de incunables dello freak, que siempre guardará en el subconsciente la versión cañí prerremasterizada de Javier Dotú junto a los brazos de la Venus de Milo.

Grazie Signore, e boas noites.



La Sauna
marzo 4, 2011, 21:19
Filed under: El pequeño gourmete

Soy consciente de la inefable aura homofílica que desprende el concepto “sauna“, pero, al que aún no la haya probado en condiciones sin pretenderla un acto previo al “poppers + partida de teto”, se la recomiendo vivamente.
Esta tarde pude permitirme el lujo (privilegio por gozar un ciudadano urbano, en plena vorágine laboral generalizada, de un momento de relax) de pasar un rato dentro del zulo del calor de mi gimnasio y me siento como nuevo.

La sauna seca finlandesa, sobre todo a solas y teniendo para uno el control de los vapores y del banco, es un momento cumbre zen como pocos pueden encontrarse si no es que se dedica uno al pastoreo de cabestros. Me tocan los cojones los espabilaos viejunos que vierten menta en el ambiente para sudar aún más como cerdos, se me dilatan las fosas nasales como si las untase de Vicksvaporubs y entre el sofoco del vapor, el eucalipto y el olor de sus sobacos, el ambiente se asemeja al del Infierno. Pero cuando, como hoy, tienes potestad para tumbarte cuan largo eres, quedarte en chirlas y medio dormitar, a la tenue luz del candil cual Ortega Lara en pleno mes de Agosto, con el cerebro totalmente en blanco, aquello es gloria pura. Esperas pacientemente mientras vas exudando gota a gota toda tu mierda corporal, hasta brillar como un Buda en mármol pulido, y decidir que es suficiente para salir al remojón. La ducha en agua templada, comenzando por las piernas, secarse y repetir. O para casa.

Entiendo que los homotruchas se exciten con este ritual como preliminar al gran final del juego de canicas donde por turnos cada uno pone el guá. Yo, esta tarde, si hubiera compartido la sudada con la miss, la hubiera arrinconado como un mono, al ver sus nalgas redondeadas reflectando como globos de helio. Aunque, en realidad, le veo un cierto y surrealista tinte autoerótico con el que uno se pone tontorrón al admirar sus músculos palpitantes, brillantes y humedecidos; el narcisismo inevitable que conlleva la rutina del gimnasio, las mancuernas, y el Patrick Bateman wannabe que casi todos llevamos dentro. Una total mariconada.
En todo caso, el relax con el que uno disfruta el resto de la jornada tras la sauna no tiene precio. Si todavía quedan almas cándidas que creen esa leyenda urbana de que sirve para adelgazar (al Sauna Belt y símiles estafas mediáticas me remito), desengáñense: favorece la circulación, elimina toxinas, alivia el asma y desestresa del copón. Pero seguirán tan gordos como antes en cuanto se ventilen medio zumo, no sean zopencos. La sauna es un ceremonial en homenaje al relax y al bienestar que no conoce prisas. Luego hay retrasados que organizan marathones de resistencia a 110º y claro, pues pasa lo que pasa.

Saludetes y muy buenas noches.



El peor trabajo del mundo
marzo 4, 2011, 2:03
Filed under: Sociedad de hoy

Peor que ejercer de pocero municipal en Bombay, peor que asfaltador veraniego, peor incluso que mamporrero (para los más urbanos, los profesionales coadyuvantes por vía manual en la cópula de los caballos). Ser vigilante de la ORA -sin hache -, vulgo controlador de parkímetros, es la ocupación laboral más miserable de cuantas opciones malditas ofrece el sádico muestrario de empleo en los terribles tiempos modernos. No se trata ya de tildarlos de hijosdeputa, que los hay, ni de compadecerse de ellos (se jodan), sino de hacer ver hasta qué punto ha degenerado la demanda de mano de obra en necesidades novedosamente surrealistas.

Un buen día, a algún avezado asesor de concejo se le ocurrió la brillante idea de que el espacio público rodatorio pertenecía al Ayuntamiento, que los carromatos que lo ocupasen debían pagar un impuesto revolucionario por horas, y se sacó de la manga las decorativas zonas azules y verdes, ante el aplauso de los demócratas y paisajistas urbanos. En realidad esto viene de lejos, en el Madrid ochentero de Tierno Galván ya lo intentaron implantar y acabó derrocado, merced a la resolución legal de algún Juez de esos que conocen la Constitución, y a la falta de efectivos que vigilasen su cumplimiento. Pero Manzano y sobre todo Ruiz Gallardón (“Vampirón” para la hilarante jerga de la contra organizada), listos como altramuces, revivieron la idea ultrarrecaudatoria bajo el flamante formato de S.E.R., derivando la patente de la inspección exhaustiva en empresas privadas. Como en Barcelona, en Valencia, y así poco a poco en toda capital de provincia de mierda, hasta conformar la descomunal maraña de hostigamiento al ciudadano español motorizado, amparado en la disculpa facilona del “eh eh ke en todas las urbes se hace”. Tickecito de papel reciclado, euro veinte la hora y cada dos a bajarse de la oficina a reponer el payperpark, que si no nos cascan la multa.

Y es ahí entonces donde entra el juego el espectacular rol laboral del pobre desgraciado de hoy, el sin par vigilante de parkímetro, cuya modo de ganarse el pan estriba en pasearse por las aceras como un voyeur de parabrisas, apuntando matrículas y sincronizando relojes, armado con una PDA en la que no está instalada el Buscaminas. Empleados de baja cualificación que, no olvidemos, están bajo nómina de vampíricas empresas no municipales, NO son funcionarios, no tienen la autoridad propia de las Fuerzas de Seguridad del Estado, no multan directamente sino que ejercen de meros y sucios chivatos redactando denuncias, cumpliendo al fin y al cabo con su cometido patético. Como es comprensible, a nadie le mola que le endiñen sanciones de pago -menos aún si lo hace un mindundi- así que lo primero que hace al extraer la notificación de debajo del limpiaparabrisas, es otear furibundo el horizonte en busca del hijoputa acusica. Que, para más inri y fácil localización, le visten de uniforme fluorescente para que brille como con luz propia, sobre sus andares cansinos y su sempiterna mochila, como si fuese un personaje de Los Sims con una gran flecha sobre su cabeza con la leyenda: “darle de hostias, a éste”. Porque la peña es la bomba, la violencia que genera el afrontar el enorme gravamen punitivo de 3 euretes es sorprendente, raro es el vigilante de parking que no se lleva un par de palizas al año o una ristra de insultos de bote diarios. Que no digo yo que no lo merezcan, sino que los verdaderos culpables llevan traje y corbata y no un chubasquero fosforito, y desarrollan sus nobles labores de corrupción y cohecho al abrigo de sus despachos calefactados.

Los controladores de estacionamiento, al contrario que sus “colegas” aéreos, son desdichados menosdemileuristas vejados, vilipendiados, defenestrados por la sociedad. Sometidos a las inclemencias del tiempo, díganse lluvias, solaneras subsaharauis, nieve o granizo, errantes como yonkis de travesía rodada, con macutos del Decathlon en lugar de bolsas de plástico del Jumbo. Que no es mi intención promover la solidaridad para con estos muertosdehambre, no me malinterpreten. El S.E.R. es una estafa reglada: los parkímetros no dan cambio, los tickets ni siquiera son adhesivos para que puedan volar del salpicadero y anular nuestro cumplimiento, en fin, un atraco legal mafioso y estatutario. Sólo remarcar que estos chivos expiatorios son infraseres curtidos en el subsidio, hombres y mujeres usualmente bajitos y feos que inspiran más lástima que otra cosa, suicidas potenciales en los que debiéramos trasponernos para comprender su amargura. Nadie mentalmente sano puede tener por meta en la vida dedicarse a controlar tickets de aparcamiento, son la peste de la infrarrumanidad laboral, el eslabón más bajo y ruin sólo considerado a efectos de descontar desempleo. Yo también les odio, pero poquito.

Muy buenas noches.



Tragaperras en cueros
febrero 16, 2011, 0:47
Filed under: Reportero urbano


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Debido a mi personalidad exhaustiva y curiosa hasta la patalogía, desde niño he sido un absoluto destripajuguetes. Mientras otros tiernos infantes se entretenían sajándoles la cola a las lagartijas o vaciándoles las cuencas oculares, a mi me encantaba realizar la autopsia premortem a viejos juguetes cuyo objetivo de ocio había llegado a su fin y a mi hastío. Todo empezó con una maquinita matamarcianos de mi hermano pequeño (parte importante de su ajuar de la Primera Comunión), que cayó desde lo alto del armario ropero y al hacer crash contra el suelo reveló el maravilloso atrezzo medieval que engendraba el fake virtual. No hablo de las consolas actuales, repletas de intraducibles chips de Silicio y la hostia en vinagreta, sino de engendros mecánicos, tecnología de Newton y poleas sin bits de por medio y pilas de las gordas como pollas de ñu. Los que hayan vivido la era pre-MarioLand sabrán de lo que hablo: la maquinita era un armatoste con un joystick rudimentario, una pantalla de plástico semitranslúcido por la que desfilaba un fondo de carretera espacial en bucle infestado de UFOs, contra los que había que disparar entre sonidos de artillería tan poco logrados que sonaban a abuelo con ataque de ósmosis. Cuando el aparato se abrió, y contemplé un par de rodillos arrastrando una fina película de vinilo o aerofix con los marcianitos impresos, una luz de bombilla detrás y unos engranajes en línea como ya sólo se ven en las reposiciones de “Tiempos modernos” de Chaplin, algo parecido al orgasmo surgió de mis entrañas. Mientras mi hermano lloraba y berraba por su juguete finiquitado per sempre, yo encontré un inusual hobby de forense de andar por casa comprobando, con mis herramientas del Maletín de Mediterráneo, los maravillosos secretos mecánicos ocultos tras el Chincheando de MB, el Operando, o las hermosísimas cajitas de música con su rodillo con las notas musicales impresas en braille, junto a un peine de púas tamaño micromachín. Y me quedó por probar el sumum de todo Jack the Ripper teenager, el SuperCineExín de los huevos, que nunca lo tuve y me quedé con las ganas de sacarle las tripas como un buen charcutero. Según me hice mayor, me fui pasando a los relojes de cuco o a algún que otro artilugio robotizado como ese horroroso trofeo de pesca cantante que pusieron de moda los Todo a Cien de los chinos, que desnudé hasta el esqueleto comprobando sus articulaciones robóticas, y aquello tomó un aspecto de Terminator tras una ducha de ácido que aún aparece en mis menos polutantes pesadillas.

En fin, que me enrollo. Hace unos días tuve la enorme fortuna de cruzarme en el bar, donde desayuno mi café mientras reviso la contraportada del AS, con un recaudador de jackpots que abrió ante mi móvil aquel infiernal paraíso de luces, estadísticas manipuladas y ludopatía de jubilados, y no pude por menos de fotografiarlo para mi colección personal de imágenes idiotunas. Para el que le guste, ahí arriba la tiene.

Reciban un muy cordial buenas noches y tengan ustedes saludos.



Año 0
febrero 11, 2011, 9:41
Filed under: Dawn

Dawn of man, virulencia desde el inicio

Massive Attack – Montage

La gente que me conozca -virtualmente hablando- y sepa de mi incontinencia verbal desperdigada por diversos vertederos cibernéticos, comprenderá que, de una vez por todas, me dé por intentar concentrar mis desvaríos en un nuevo proyecto que pueda considerar únicamente como mío.
Sabedores, también, de mi absoluta falta de constancia, de mis intermitentes desapariciones del mundo HTTP, y de mi incapacidad crónica para resumir y/o emplear vocabularios llanos y legibles para el ser humano tipo, éste debe ser principalmente mi objetivo y única meta: combatir contra mi mismo. Si desean conservar su honor y los cuatrocientos veinte euros del subsidio, háganme caso: no apuesten ni tres duros por mi. Tesón, concisión, y de cena, melón con jamón. Toda cruzada digna y respetable debe contar con premisas puras, límpidas y pías; así pues, he ahí las mías.

Siendo persona de intereses muy diversos y particularmente doctorado en levantarme las costras de los codos a fuerza de uña y saliva, este blog carecerá de temática fija. No contendrá confesiones personales, no será un reflejo poético-trascendental del estado de ánimo de mi menstruación. No analizaré los resultados de la Liga, no adjuntaré docenas de enlaces de descarga a videos guarros del Pornotube, ni trataré de explicarles los entresijos botánicos del cultivo de marijuana, ni otras anejas temáticas pseudocools. Alternaré reflexiones sociopolíticas con cotilleos de cajera del súper, artículos elaborados con morralla fast-food. Deportes con músicas con gastronomías con macedonia de berberetxos. Hablaré y escribiré, simple y llanament, de aquello que me salga de las underballs en cada momento e instante determinados.

Con ello, con honradez y sinceridad, teñido todo bajo este estilo entre llamativo, humorístico, lamentable y neorrococó que me caracteriza, creo en realidad implausible crear una carta de ajuste y presentación menos apetecible que la que les brindo. Mas éste es el mejunje que les ofrezco en vasija de barro: libres son de tragárselo a palo seco, mezclarlo con ginebra on the rocks o regurgitarlo. La paja la ponen ustedes.